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Matthew Fontaine Maury: Principios Bíblicos - Ciencia

Biblioteca HomeShape · Publicado el 12 oct. 2026 · 6 min de lectura

SENDEROS DEL MAR: MATTHEW FONTAINE MAURY


Matthew Fontaine Maury (1806-1873), oficial naval y oceanógrafo estadounidense, fue un cristiano convencido que amaba leer la Biblia y no tenía dudas sobre su veracidad. De niño le enseñaron los Salmos en casa, y ese libro de alabanzas quedó grabado en su mente inteligente e inquisitiva. Décadas después, esa fe lo llevaría a realizar descubrimientos científicos extraordinarios y a vivir un compromiso de por vida con una ciencia que glorificaba al Creador.


Maury ingresó en la Marina de los Estados Unidos en 1825. En 1839 un accidente lo dejó parcialmente incapacitado y tuvo que abandonar el servicio activo en el mar. Tres años después, todavía dentro de la Marina, fue nombrado superintendente del Observatorio Naval de los Estados Unidos en Washington y del Depósito de Cartas e Instrumentos. Durante los siguientes diecinueve años se dedicó a estudiar los vientos, las nubes, el clima y las características del océano, sin dejar nunca de estudiar la Biblia.


En sus lecturas, unas palabras del Salmo 8:8 se le quedaron grabadas: "todo cuanto pasa por los senderos del mar".

Las aves de los cielos y los peces del mar; Todo cuanto pasa por los senderos del mar.

— Salmos 8:8 (RVR60)

Maury razonó que si la Palabra de Dios afirmaba que había "senderos" en los mares, entonces debían existir, y se propuso encontrarlos. Revisó los diarios de a bordo de barcos antiguos y, a partir de ellos, compiló mapas de vientos y corrientes oceánicas. Para medir la velocidad y la dirección de las corrientes soltó al mar botellas lastradas, llamadas "botellas de deriva", que flotaban un poco por debajo de la superficie para que el viento no las afectara. Dentro de cada una iba sellada una nota que pedía a quien la encontrara en la orilla que la devolviera indicando el lugar y la fecha del hallazgo. Con esos datos, Maury trazó los mapas de las corrientes oceánicas, los "senderos" del mar, lo que contribuyó enormemente a la navegación: las rutas se hicieron más rápidas y seguras.


En 1855 publicó el primer libro de texto de la oceanografía moderna, "La geografía física del mar y su meteorología". En él presentó la ciencia del océano desde una perspectiva cristiana e incluyó pasajes bíblicos de importancia científica. Uno de ellos es Job 28:25, que habla de cuando Dios "dio peso al viento".

Al dar peso al viento, Y poner las aguas por medida;

— Job 28:25 (RVR60)

Maury lo comentó así:


"Aunque el hecho de que el aire tiene peso se anuncia aquí desde tiempos tan remotos [en Job], los filósofos no lo reconocieron hasta hace relativamente poco, y entonces lo proclamaron como un gran descubrimiento. Sin embargo, este hecho está expuesto con la misma claridad en el libro de la naturaleza que en el libro de la revelación; pues el niño, al valerse de la presión atmosférica para extraer la leche del pecho de su madre, lo proclamaba sin saberlo."


Maury reconocía la Biblia como perfecta en todo lo que enseña, incluida su autoridad y precisión en asuntos científicos. Entre las ideas que relacionó con las Escrituras se encuentran:


- Los "senderos del mar" (Salmo 8:8): los océanos tienen corrientes, superficiales y profundas, con patrones de circulación regulares. Es su idea más famosa.

- La circulación general de la atmósfera, descrita en Eclesiastés 1:6: "El viento tira hacia el sur y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo".


El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo.

— Eclesiastés 1:6 (RVR60)

- El ciclo del agua, que coincide con lo descrito en Eclesiastés 1:7: los ríos van al mar, y el mar no se llena, porque el agua vuelve a su origen.

Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo.

— Eclesiastés 1:7 (RVR60)

- La presión atmosférica, el "peso del viento" de Job 28:25.

- El cuidado providencial de Dios por los animales (Job 38:41; Salmo 147:9; Mateo 10:29; Lucas 12:6), que veía ilustrado en la Corriente del Golfo, la cual lleva nutrientes desde el Golfo de México hacia el Atlántico Norte en beneficio de ballenas, aves marinas y otras criaturas.


Por citar la Biblia en sus obras, algunos científicos de Estados Unidos y de Inglaterra lo criticaron, alegando que la Biblia no se escribió con fines científicos y que, por tanto, no es autoridad en la ciencia. Maury respondió: "¡Perdonen! La Biblia sí es autoridad en todo lo que abarca".


Para él, investigar la naturaleza era descubrir la lógica que Dios había puesto en su creación, y ese privilegio lo hacía temblar. Lo expresó así:


"Como estudiante de geografía física, considero la tierra, el mar, el aire y el agua como partes de una máquina, piezas de un mecanismo no hecho por manos humanas. Y cuando, tras una investigación paciente, llego al descubrimiento de uno de estos mecanismos, siento, como el antiguo astrónomo [Johannes Kepler], 'como si hubiera pensado uno de los pensamientos de Dios', y tiemblo. Así, a medida que avanzamos en nuestra ciencia, se nos permite de vez en cuando señalar aquí y allá, en la maquinaria física de la tierra, un diseño del Gran Arquitecto cuando lo planeó todo."


Más adelante, Maury elaboró mapas del fondo del océano Atlántico entre Estados Unidos y Europa, que demostraron que era posible tender un cable telegráfico submarino entre ambos continentes. Murió en 1873. Fue elegido para el Salón de la Fama de los Grandes Estadounidenses, y el estado de Virginia le erigió un monumento en Monument Avenue, en Richmond, cuya placa dice:


"Matthew Fontaine Maury, explorador de los mares, el genio que primero arrebató a los océanos y a la atmósfera el secreto de sus leyes. Su inspiración: las Sagradas Escrituras, Salmo 8:8; Eclesiastés 1:6."


La oceanografía y la meteorología actuales le deben mucho. Maury ejemplificó el principio bíblico de hacerlo todo "para la gloria de Dios" (1 Corintios 10:31): su investigación honraba la creación de Dios y, al mismo tiempo, beneficiaba a sus semejantes. Personifica al investigador piadoso cuya ciencia comienza con la revelación escrita del Creador.

Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.

— 1 Corintios 10:31 (RVR60)


A menudo se dice que la Biblia no es un libro de texto científico. Aun así, su exactitud cuando toca temas de la naturaleza llevó a hombres como Maury a hacer descubrimientos extraordinarios. El monumento de Virginia recuerda su testimonio y sus logros, pero el verdadero monumento a su obra es el impacto duradero de una vida dedicada a investigar con reverencia al servicio de Dios, una vida que acumuló "tesoros en el cielo" (Mateo 6:19-21).

19 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan;

20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.

21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

— Mateo 6:19-21 (RVR60)